domingo, 4 de mayo de 2014

Premios Infinity Dreams

No suelo hacer estas cosas aquí pero bueno, ya que Sunset me ha nominado lo haré :D
Así que...gracias Sunset, y todos (si es que alguien me lee) a visitad su blog.
Reglas:
1 Agradecer al blog que te nominó
2 Responder a sus 11 preguntas 
3 Nominar a 11 blogs
4 Avisar a los blogs nominados
5 Hacerles 11 preguntas

Como soy muy rebelde, me voy a pasar las normas por el forro y no voy a nominar a nadie ni nada. 

 Preguntas de Sunset:
1) ¿Qué prefieres: leer o escribir?
No puedo elegir, tanto leer como escribir son casi necesidades para mí y depende del momento necesito más una cosa u otra. Aunque, en general, leo más que escribo.

2) Si pudieras tener un súper poder, ¿Cuál sería?
Poder tener el súper poder que quisiera en cada momento según me conviniera.

3) ¿Cuál ha sido el libro que más te ha gustado? ¿Por qué?
Como no puedo elegir un sólo libro voy a centrarme en los que he leído últimamente y voy a decir Contra el viento del norte de Daniel Glattauer. Porque es una historia de amor diferente contada de una forma muy original y no sabes en ningún momento cómo va a acabar. No es la típica historia de amor empalagoso, es una historia real, con personajes que podríamos ser cualquiera de nosotros.

4) ¿Qué canción crees que deberíamos escuchar todos?
Otra pregunta en la que me cuesta elegir. No creo que todo el mundo debiera escuchar la misma canción porque probablmente la mayoría de la gente no la apreciaría de la misma forma que el resto. Igual es imprescindible para mí y una mierda para los demás. 

5) Define lo que significa para ti la libertad.
Me cuesta definir algo que nunca he sentido completamente. Creo que la libertad es saber que puedes hacer cualquier cosa. 

6) ¿Te consideras alguien extravagante?
No, tengo mis rarezas, como todo el mundo pero no creo que sea extravagante. Al revés, siempre intento pasar desapercibida.

7) ¿Qué personaje de libro serías por un día?
Kvothe de Crónica del Asesino de Reyes, me encantaría poder practicar la simpatía, ser un Edena Ruh y, en defnitiva, ser él.

8) Libro que más te ha costado leer.
Las Dos Torres, (El señor de los anillos II), es el único libro que nunca he llegado a terminar, añun sigue marcada la página por la que me quedé por si me da por acabarlo algún día.

9) ¿Cuál es el adjetivo que mejor te define?
Sólo uno... creo que voy a decir cabezota.

10) País al que deseas viajar.
Muchísimos, pero al que más probabilidades tengo de ir ahora mismo es Holanda. 

11) Opinión sobre lo poco o mucho que hayas leído en mi blog, crítica para mi mejora.
Realmente no sé que comentar acerca de esto. Creo que escribes muy bien, a veces de forma un poco atropellada pero pienso que ese es precisamente el encanto de tus textos.


Y...¡fin!

 

jueves, 1 de mayo de 2014

Carcajada espontánea.

A veces estoy tranquila en clase, en la calle, con mis amigos y de repente veo algo que me hace gracia. Empiezo a reírme, intento calmarme pero vuelve a mi cabeza eso que me ha hecho empezar a reír y no paro. La gente me mira cómo si estuviera loca o me preguntan de qué me río, intento hablar y justo cuando voy a decir la primera palabra vuelve la risa de nuevo.
Puedo estar así varios minutos, con lágrimas en los ojos, mis carcajadas resonando en el espacio y los demás intentando comprender lo que me pasa.
Al final, algunos de los que me rodean se contagian y empiezan a reír también, en ese momento ya no hay vuelta atrás. Todo el mundo ríe y yo no consigo parar. En cierto modo me recuerda a la escena de Mary Poppins en la que visitan al tío Albert que cuenta un chiste malísimo, de un tal Smith con una pata de palo, y al reírse flota, los demás se ríen con él y flotan también.
En esos momentos es cuándo mejor me siento porque me veo a mí misma como la causante de esas risas, sin haber dicho nada siquiera, solamente con el sonido de mis patéticas ideas que resuenan a modo de carcajada.
Mi propia absurdez y mi mente inquieta le han dado a otra gente un motivo para reír. Y eso me hace un poquito más feliz.

jueves, 24 de abril de 2014

Ficción.

-Esto tiene que acabarse. No podemos volver a hablar, ni a vernos.
-Sabes que no vas a ser capaz - me dijo con su típica sonrisa de suficiencia.
-Deja de hablar como si fueras el Dios del universo que lo sabe todo, te vas a llevar una gran decepción esta vez.
-Ah,¿si? ¿Y qué ha cambiado ahora?
-Que ya no puedes engañarme, sé como eres realmente. No pienso seguir perdiendo oportunidades por tu culpa. Por favor, no me busques, no me hables, déjame en paz.
-Pero... es que no quiero perderte.
-Hace mucho que me perdiste, pero ni siquiera yo me daba cuenta.
-Por favor, perdóname. Dame una última oportunidad.
-Ya la tuviste. No pienso darte nada más.

Me giré, con lágrimas en los ojos intentando no mirar atrás porque sabía que podía arrepentirme. Eché a correr como si me persiguiera el demonio y no paré hasta llegar a casa.
Cogí el móvil y lo estampé contra la pared. No quería saber nada de él. Esta vez era la definitiva, no podía dar marcha atrás. Ahora lo único que me quedaba era secarme las lágrimas, borrar de mi cabeza cualquier recuerdo y sonreír al futuro.

miércoles, 2 de abril de 2014

En el fondo

Hace tiempo pensaba que todas esas tonterías que salían en las películas sobre corazones rotos y desamores era una basura, que no era verdad. Claro, porque el amor sí existe pero el desamor no. Muy lógica yo.
Creía que nadie podría hacerte tanto daño como para no querer salir de la cama o para llorar cada 5 minutos por cualquier gilipollez que te venga a la cabeza. De verdad, lo creía.
Hoy, después de muchos años, me he dado cuenta de que sí que es verdad, sí pasa, sí pueden romperte el corazón.
Cuando empiezas con alguien siempre tienes  miedo de que te dejen y lo pases mal. Yo lo pensé, durante mucho tiempo tuve ese miedo hasta que por momentos conseguía olvidarlo. Pensaba que el propio miedo haría que justo pasara eso y al final logré mantenerlo apartado.
¡Sorpresa! Me rompieron el corazón justo cuando no lo esperaba.
Y lo peor de todo es que, en el fondo, lo sabía desde que lo conocí.

martes, 4 de febrero de 2014

Lucha

"Quién bien te quiere, te hará llorar" me repetía mil veces mi madre cuando era pequeña y, como siempre, tenía razón.
El problema es que, cuando se da esta situación, dudas de que realmente esa persona te quiera y entonces empieza el proceso de empatía. Te paras a analizar la forma en la que esa persona se comporta contigo, las cosas que te dice y por qué esas cosas, o más bien, la ausencia de ellas te hace tanto daño. Te sientes dolido, aunque sea por una tontería, pero se supone que esa persona te quiere, ¿por qué es así contigo?
Empiezas a ponerte en su lugar, a plantearte qué puede estar pasándole por la cabeza, si está mal, si está angustiada... cualquier cosa con la que puedas convencerte a ti mismo de que no hay ningún problema, que sólo es una situación momentánea.
Y llega el momento de: No, no, esto ya ha pasado antes, esto no me gusta. Tu muralla de excusas empieza a derrumbarse porque la paranoia comienza a invadirte. Se produce una lucha entre ambos hemisferios del cerebro, uno te dice que no te agobies que es sólo algo pasajero y el otro te dice que no, que acoses a la persona hasta que confiese el problema que tiene contigo. Se establece una lucha interna tan fuerte que empieza a dolerte la cabeza, empiezas a encontrarte mal y poco a poco el lado acusador va tomando posesión de tus facultades. Agobias a la persona con preguntas, te pones de mal humor sin motivo alguno, lanzas pullitas a ver si capta que sabes que algo anda mal. Es entonces cuando la otra persona te manda a la mierda y te pide que le dejes espacio.

Y al final, si, quien bien te quiere te hará llorar, pero quien más te hace llorar eres tú mismo.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Ayudar

Creo que una de las cosas que más me frustra es el no poder ayudar a alguien, especialmente a alguien que me importa.
Hay momentos en los que ves a alguien hecho polvo, con la moral por los suelos e intentas decir las cosas que en ese momento crees que le ayudarán más y empiezas a elaborar un discurso precioso.Vas soltando tu rollo con voz lenta, acariciando su cabeza, con abrazos... pero ves que esa persona sigue exactamente igual. Empiezas a pensar soluciones reales a su problema, se las vas diciendo y aún así esa persona sigue rechazando tu ayuda. Entráis en un círculo vicioso de: -¿Y si...? -No.
Poco a poco tu paciencia se va agotando, tus ideas se van acabando y la otra persona cada vez se desespera más. En esos momentos yo me planteo cuál es la verdadera solución a esos típicos días en los que todo lo ves mal y da igual lo que te digan, tú sigues erre que erre con que todo es una mierda.
Sinceramente, pienso que esos días son una mierda para el que está mal y para los que le rodean y al final todos acaban mal, ya sea por no poder ayudar o por no tener en cuenta la ayuda.
Y así comienza mi frustración y mis ganas de pegarle una buena bofetada a la otra persona y gritarle: ¡Espabila!, pero entonces... te acuerdas de los días en los que tú estuviste así y en todos los: "déjame", "eso no sirve de nada" y "no lo entiendes" que soltaste a alguien que estaba igual de frustrado que yo ahora mismo.

sábado, 16 de noviembre de 2013

R

Hay momentos en los que simplemente siento la necesidad de escribir, y este es uno de ellos.
Normalmente, mi cabeza trabaja tan rápido que no soy capaz de ordenar las ideas en mi cabeza, es por eso que nunca soy capaz de acabar nada que empiece.
Hace ya muchos años que tengo el propósito de escribir un libro pero cualquiera que me conozca un poco sabe que nunca seré capaz.
Cuando tengo alguna idea empiezo a escribir, me paso un tiempo dándole vueltas en la cabeza y escribiendo lo que se me va ocurriendo hasta que llega el día en el que pienso otra cosa y de repente vuelvo a empezar algo nuevo. Así es mi día a día; pensamientos van y vienen a cada instante y yo no soy capaz de ordenar todo y acabar algo.
Algunos amigos han leído cosas que he empezado y al principio me reñían por no seguir, ahora simplemente asumen que nunca acabaré nada y cuando empiezan a leer me dicen: esta vez acabarás? y mi respuesta siempre es: Lo dudo.
A pesar de eso, ellos no pierden la esperanza y leen lo que les mando hasta que llega el día en el que no mando nada más y directamente no preguntan.
Muchas veces he intentado cambiar, ser constante, tener un poco más de fuerza de voluntad pero no puedo. Al final he terminado por asumir que lo único que acabaré en la vida es precisamente eso, mi vida.